Fin de semana con el bailarín I

DÍA 1 – viernes por la mañana – LOS ANTECEDENTES

El bailarín me ha invitado, por primera vez, a pasar todo un fin de semana en su casa. ¡Viva, viva! me voy a llevar el parchís, aprovechando que llueve y hace mucho tiempo que no lo uso! Y lo voy a convertir en el strip-parchís, haciendo uso y disfrute de mi exceso de imaginación, jijiji.

Al bailarín lo conocí en unas clases de ritmos latinos. Después de unos tres meses de seducción, comenzamos una relación por donde se tiene que empezar; en la cama…

…sí… ya sé… ya sé… todo eso de primero conocerse y las noches salvajes de pasión a lo último, como el postre. Pero una no puede controlarlo todo, oyes. La culpa la tuvieron el baile, la música, su perfume, el mío, un roce, luego otro, una sonrisa, su hoyuelo en la barbilla, su fuerza masculina… que desataron la pasión y la dejaron sin ningún tipo de freno ni medida 😛

Unas semanas después, cuando la pasión se fue a dormitar por aproximadamente minuto y medio, nos entraron unas ganas locas de conocer nuestros cerebros, que para algo están y por eso tienen un sitio privilegiado en el ser humano, en el piso más alto, como los ejecutivos. Además están protegidos por un blindaje de hueso, que algunos tienen más duro que otros, todo hay que decirlo, no como los pies, por ejemplo, que se tienen que conformar con añadidos a los que llamamos zapatos porque si no, se van pinchando con todo y acaban ensangrentados y llenos de moratones.

Y ahora que nos conocemos un poco más, hemos decidido que ambos cerebros nos gustan.

El suyo es esponjoso, dulce, cariñoso, de humor negro y sarcástico, nunca deja de funcionar, me estudia, y una vez estudiada me va rellenando las acciones que tengo por costumbre dejar a medio terminar, como fijarme si pasan coches antes de cruzar una calle, o encender una luz cuando cambio de habitación en medio de la noche…

El mio es tierno, sensible, despistado, vive en su mundo la mayor parte del tiempo, de humor variable, como el tiempo, a menudo deja de funcionar y se pone a vegetar, como las plantas, y por ese hueco, pienso yo, es por el que se cuela la intuición, que le ayuda a entender al bailarín y luego me lo va diciendo a su modo y manera personal de cerebro humano 😉

Y ahora me voy a frotar, limpiar, peinar, untar, perfumar y enfundar en mi tanga, camiseta y pantalones más sexys. A ver si no se me olvida nada… (continuará)

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La avispa

El aire fresco se posó en mi cara cuando abrí la ventana. Pero no estaba solo. Una avispa vino con él y aterrizó en mi mejilla derecha.

Para una avispa, usar una mejilla humana como aeropuerto internacional puede ser su pan de cada día, no se lo discuto, pero para un humano, en este caso yo, es algo inusual e inesperado.

Es tan inusual inesperado, que todas las alarmas saltan a la vez como locas haciéndose la competencia: ¡grita!, ¡no, salta!, ¡no, eso no, agita la cabeza! ¡no, mejor corre!, ¡despeinate!, ¡ahora, baila la danza de la lluvia!… resultado: Flor espichada cuan larga era al resbalarse en el aire por no haber tenido la precaución de mantener siempre uno de los dos pies en el suelo.

Medio a cuatro patas, medio reptando, llegué a la cocina en busca de un trapo. A mi alcance estaba el azul con cerezas. No, ese no que me gusta mucho, no vaya a salir por la ventana. Miraré en el cajón. Mientras tanto, el zumbido se acercaba. ¿Será capaz de seguirme hasta aquí ese bicho inmundo? Pasaba frenética los paños de cocina y todos me parecían demasiado nuevos o demasiado bonitos como para arriesgarme a perderlos en un intento por echar a mi nueva e indeseada inquilina. La vi entrar por la puerta y cojí el primer paño que tenía a mano sin importarme su belleza. De pronto perdí de vista a la avispa. La muy bandida se escondía de mi en el rincón más recóndito de la cocina. Seguro que se reía viendo cómo esta loca despeinada, con un punto tamaño euro en las medias y armada con un paño rosa con dibujos de mariquitas, la buscaba en todos los sitios menos en el que se encontraba.

Entonces la vi. Me retaba, mirándome, desde el mango de la sartén. Con el cuerpo y la cabeza lo más lejos posible del paño empecé a blandirlo. Después de una lucha encarnizada, mezclada con toneladas de miedo y latidos de corazón, logré abrir la ventana y echar de la cocina a la maldita avispa.

Me senté en una silla, sudando.

¡Por fin!…

Miré hacia abajo.
¡Mierda! ¡estas eran mis últimas medias!

Entonces oí un zumbido que en un nanosegundo se convirtió en un ruido similar al de una moto sin tubo de escape. Recordé que me había dejado abierta la ventana de la cocina. A menos de un milímetro de mi oreja pasó un moscardón tamaño obús a la velocidad de un pedrusco precipitándose al vacío. ¡Mi madre, qué bicho!

Solté el paño por algún sitio y aquí estoy. Tranquilita en un cibercafé. A salvo.

Creo que preguntaré a la dueña, que parece muy simpática, si me deja esta noche dormir aquí.

Perro ladrón con mucho disimulo

He aquí al maestro canino del disimulo 😀

Premio

Bueno, pues ahora que encuentro hueco y lugar para escribir un poquito en este mi tan abandonado blog 😦  voy a colocar el premio que la fantástica Juguetona me dedicó hace un tiempo, allá por el pleistoceno, por muchos valores, tantos, que ni siquiera sabía que tenía más de la mitad de ellos!! Gracias Jugue!!!

Tengo que pasarlo a 5 blogs, y como hace muchos minutos, horas, días, e incluso semanas diría yo, que no visito apenas nada de nada porque una tiene que vivir y el trabajo la engulle como la ballena aquella a pinocho el de lal nariz larga… pues pasaré el premio con mucho tiempo de retraso, y esperando que no haya caducado y provoque una intoxicación general como lo harían las gambas echadas a perder de una boda… a:

Una maruja en internet por su buen y fantástico sentido del humor

srtamowgly, por su sensibilidad como escritora

Luis Antón, por su arte haciendo esos estupendos dibujos

Davidi Criatura Infernal, por su gran mundo interior

El Violinista, por su generosidad ayudando a tantisimas personas a disfrutar seduciendo a alguien con quien compartir momentos, o toda una vida…

Besitos 😉